
Ficha técnica: Fuente: Fimlaffinity
DIRECTOR: Sam Mendes
GUIÓN: Justin Haythe (Novela: Richard Yates)
MÚSICA: Thomas Newman
FOTOGRAFÍA: Roger Deakins
REPARTO: Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Kathy Bates, Michael Shannon, Kathryn Hahn, David Harbour, Dylan Baker, Richard Easton, Zoe Kazan, Jay O. Sanders, Max Casella
WEB OFICIAL: www.revolutionaryroadmovie.com
NOMINACIONES: 3 Nominaciones a los Oscar: actor de reparto (Michael Shannon), dirección artística, vestuario.
PREMIOS: Globos de Oro: Mejor actriz drama (Kate Winslet)
SINOPSIS: En los años cincuenta, Frank (Leonardo DiCaprio) y April (Kate Winslet) son una joven pareja que vive en los suburbios de Connecticut. Su vida, aparentemente feliz para muchos otros, tras casarse y tener dos hijos, se encuentran ante la disyuntiva de luchar por sus verdaderos deseos o conformarse con su estado actual, una vida donde ambos se sienten mediocres, del montón, precisamente ellos que siempre se vieron a sí mismos como especiales, diferentes, preparados para alcanzar los sueños y lograr altos ideales.
TRÁILER EN HD:
http://www.apple.com/trailers/paramount ... onaryroad/
Tráiler español de YouTube
CRÍTICA:
La película es un estudio exhaustivo de una pareja media americana, cuyos problemas son extrapolables a millones de matrimonios, sin distinción de épocas.
Es todavía demasiado habitual, que las inquietudes artísticas o profesionales de una mujer casada, sean secundarias dentro de las necesidades básicas en las que se estructura una sociedad marital. El hombre, ejerce todavía, como núcleo en torno al cual, se centran las prioridades de la pareja. Y esto provoca la consecuente falta de motivación e ilusión, en el socio deslucido, que en este caso es siempre la mujer. Asistimos pues a la muerte espiritual de la pareja, centrada en la frustración que genera la falta de realización personal de la mujer, y la exigencia social (también generalizada), que aboga al hombre a conseguir siempre superarse dentro de cualquier trabajo, aunque éste no sea ni satisfactorio, ni gratificante.
Éste es el resumen de una película que en definitiva trata sobre el vacío interior que una pareja sufre, cuando se ve empujada, sin remedio, por la inercia de los roles sociales.
AVISO DE SPOILERS QUE DESVELAN LA TRAMA:
Una mujer de clase media, centrada en las necesidades básicas que genera un hogar y unos hijos, olvida su propia individualidad en pos del bien común que necesita la familia, entendida como una persona física, olvidando a los seres particulares que la integran. Así, el más alienado, es la mujer que ejerce el rol menos agradecido y más impersonal (en el amplio sentido de esta palabra). El hombre debe prosperar y lograr una mayor estabilidad social y económica, sea cual sea el trabajo para el que haya sido designado. Olvidándose así, de las inquietudes y necesidades personales.
Esta situación está tan asumida, que cuando la protagonista de esta historia, pretende dar un giro de 180 grados a la inercia establecida, el hombre, no sabe cual debe ser entonces el papel a seguir. No sabe reconocer cuál es la forma de continuar después de esa ruptura. Este hecho nos es expuesto de forma magistral, en el tramo en el que se nos explica con todo detalle, las conclusiones a las que llegan los amigos y compañeros de trabajo, cuando se les hace partícipes de la decisión tomada, por parte del matrimonio, de vender todas sus posesiones y lanzarse a la aventura en otro país. Todos llegan a la conclusión de que es una locura de proporciones cósmicas, puesto que el marido no tendría trabajo, ni proyección aparente de motivación por la que deba regirse su vida, a partir de ese momento. Nadie entiende este cambio tan brusco, cuyo final es incierto y previsiblemente abocado al fracaso, culpándole de dejar que viva en una casa sin nada que hacer y esperando a encontrar su lugar en el mundo, mientras que la mujer, le trae el dinero, y la consecuente estabilidad, al hogar.
Sin embargo, esa misma situación planteada al revés (que es la que están viviendo actualmente), puesto que la mujer se queda en casa en espera de que regresen el marido y los hijos, es vista de buen grado y entendida como algo normal y natural.
El único personaje que se atreve a poner en entredicho, toda esta reglamentación ordenada que se nos expone, es el “loco”. El hijo que ha perdido la razón, que se encuentra encerrado en un psiquiátrico y que es indultado durante cuatro horas, a condición de que esgrima buen comportamiento. Él es el encargado de entenderles, de darles una lección sobre que la auténtica locura es hacer algo que no quieres hacer. Sobre que la vida debería ser un continuo intento de satisfacer a la persona y no al entorno. Y sin embargo, es el personaje más denostado. La actuación del “enfermo”, como así se le llama varias veces, es soberbia. Cargada de unos diálogos cortantes, sarcásticos hasta los límites más invasores, excepcionales en cuanto a lo que de verdad cruda y descarnada, arrojan. Es uno de los dos personajes que se atreve a transformar en palabras, lo que todo el mundo piensa en su fuero más interno y que ninguno reconocerá jamás por miedo, precisamente, a ser tildado de loco.
El otro personaje que busca salir de la monotonía y arriesgarse al límite sin importar las consecuencias, es April. El personaje principal femenino. Ella tiene un sueño, ser actriz. Sin embargo ese deseo se ve truncado porque no consigue distinguirse del resto. No es buena actriz, es bastante mediocre. Y es que, no basta con tener un anhelo y querer alcanzarlo. Tienes que valer para ello. Su breve incursión en el terreno teatral, se ve abocada al fracaso al no recibir buenas críticas. Su necesidad vital se ve truncada y cede paso, entonces, a las exigencias sociales y familiares.
Pero eso no la hace feliz. Se encuentra encerrada en un mundo que no es ni remotamente, el que deseaba. Sus días se reducen a satisfacer las necesidades hogareñas y a contemplar el mundo que aparece, por detrás de los barrotes de sus ventanas. Surgen los problemas en la pareja al tener que soportar los dos integrantes de la misma, las frustraciones personales. Hasta el momento de clímax en el que todos los reproches explotan y se suceden las discusiones más acaloradas que empiezan a tornarse violentas.
Y como única solución a su guerra personal, decide proponer una escapada a otro país. Su único deseo es salir de la cárcel en la que se encuentra. No importa donde. Así que asume el sueño de su marido de volver a París y lo hace suyo. Todo mejora, todo reverdece y todo se supera. Pero ésta, no es más que otra falsa apariencia de lo que en realidad está sucediendo.
Ella queda nuevamente embarazada después de una relación loca de una noche, en la que su cara angustiada y su negación explícita se hacen patentes; se nos anticipa lo que puede ocurrir... el sueño de ir a París (y liberarse así de su prisión), será irrealizable. Además, le ofrecen un ascenso a su marido, con una proyección de futuro muy ventajosa.
Asistimos al hecho de que su marido, aunque permanezca en un trabajo que no haga realidad sus sueños, tendrá un futuro más que significante para el resto de la humanidad. Y ella, permanecerá aún más perdida y alienada en un rol que no la permite desarrollarse como persona.
Surge la duda en su cerebro y sopesa la idea del aborto. Hay un claro rechazo hacia esa idea que se la cruza. Pero, realmente, piensa que ese nuevo embarazo será un obstáculo para poner en práctica las nuevas ideas tan arriesgadas que han fomentado. Valora que lo mejor para que no sea utilizado como excusa (su embarazo), es acabar con él. No quiere que la pasión y los sueños con los que crecieron como pareja y como seres individuales, se pierdan por esa razón. Sabe que será la muerte del amor, si no logra dejar atrás todo lo que les ata.
Sin embargo, es tachada de inmoral por su propio marido. Desde el punto de vista ético, es completamente comprensible. Desde el punto de analítico, no. Ella sabe que no les ha funcionado, hasta entonces, el matrimonio. Y tiene el valor de reconocer que a partir de ahora, irá peor.
A parte de este obstáculo moral y ético, que parece quedar de lado cuando llegan a la conclusión de que en París también se tienen niños, surge el laboral. Él tiene oportunidad de crecer en el terreno laboral y no quiere arriesgarse a perderlo e intentar encauzar su vida en algo que le satisfaga en el terreno personal, por miedo al fracaso. Y así, acepta su propio fracaso personal, en pos del laboral.
Ella, sin embargo, no encuentra consuelo en ninguna de sus vertientes, ni la personal ni la laboral. No hay nada que la haga sentirse persona, ni que la gratifique. Y el rol de madre, se le queda corto.
El periodo de aborto “seguro” se supera, transcurren las doce semanas de rigor. Pero ella, se encuentra en un pozo del que no sabe salir. Sólo es capaz de respirar cuando sale a pasear entre los árboles, de la parte posterior de su casa, que la dan un mínimo de libertad.
Toma la única solución que ella encuentra razonable. No puede vivir como hasta ahora y la ilusión por un cambio notable en sus vidas, se desvanece. Así que, se suicida.
Se provoca un aborto de alto riesgo en su propia casa, en el propio baño de su hogar. Ella es consciente del riesgo tan alto al que se somete, y se despide de su marido (regalándole una cena de cumpleaños para la que se engalana) y de sus hijos mientras intenta contener las lágrimas. Prepara lo necesario y se encierra en el baño a esperar el desenlace. Cuando por fin, puede salir de esa habitación, baja al salón y contempla por última vez, a través de los barrotes de la ventana de su salón, el bosque que la permitía respirar.
Como ella ya sabía, expulsar el feto es más o menos sencillo (dentro del auténtico calvario que tuvo que soportar), pero la placenta se halla sujeta a las paredes de su útero a través de vasos sanguíneos y capilares, que se unen fuertemente a su organismo, para dotar de sangre, alimento y vida a su bebé.
Y como es natural, le provoca una hemorragia incontrolable por la que muere.
Es una escena fantástica. Con un dramatismo exultante. Su cara refleja todo el dolor sufrido y la falta de sentimiento sentido. Se nos muestra todo el vacío interior. Su gran hueco interior (en el amplio sentido metafórico de esta afirmación, puesto que ahora, también está vacía por dentro).
Después de este final desgarrador, tenemos la sensación de que nada superará ese plano y que la película debería haber terminado ya. Pero nos equivocamos. El gran final que se nos muestra, es uno en el que queda constancia de lo absurdo que llega a ser no rebelarse a ese vacío interior. Ese momento en el que el marido de la vendedora de la inmobiliaria, mira a su esposa con una imperturbabilidad manifiesta, y opta por subir el volumen de su radio y por tanto ahogar las palabras de su esposa, es una de las metáforas más inteligentes que he presenciado.
Esta situación está tan asumida, que cuando la protagonista de esta historia, pretende dar un giro de 180 grados a la inercia establecida, el hombre, no sabe cual debe ser entonces el papel a seguir. No sabe reconocer cuál es la forma de continuar después de esa ruptura. Este hecho nos es expuesto de forma magistral, en el tramo en el que se nos explica con todo detalle, las conclusiones a las que llegan los amigos y compañeros de trabajo, cuando se les hace partícipes de la decisión tomada, por parte del matrimonio, de vender todas sus posesiones y lanzarse a la aventura en otro país. Todos llegan a la conclusión de que es una locura de proporciones cósmicas, puesto que el marido no tendría trabajo, ni proyección aparente de motivación por la que deba regirse su vida, a partir de ese momento. Nadie entiende este cambio tan brusco, cuyo final es incierto y previsiblemente abocado al fracaso, culpándole de dejar que viva en una casa sin nada que hacer y esperando a encontrar su lugar en el mundo, mientras que la mujer, le trae el dinero, y la consecuente estabilidad, al hogar.
Sin embargo, esa misma situación planteada al revés (que es la que están viviendo actualmente), puesto que la mujer se queda en casa en espera de que regresen el marido y los hijos, es vista de buen grado y entendida como algo normal y natural.
El único personaje que se atreve a poner en entredicho, toda esta reglamentación ordenada que se nos expone, es el “loco”. El hijo que ha perdido la razón, que se encuentra encerrado en un psiquiátrico y que es indultado durante cuatro horas, a condición de que esgrima buen comportamiento. Él es el encargado de entenderles, de darles una lección sobre que la auténtica locura es hacer algo que no quieres hacer. Sobre que la vida debería ser un continuo intento de satisfacer a la persona y no al entorno. Y sin embargo, es el personaje más denostado. La actuación del “enfermo”, como así se le llama varias veces, es soberbia. Cargada de unos diálogos cortantes, sarcásticos hasta los límites más invasores, excepcionales en cuanto a lo que de verdad cruda y descarnada, arrojan. Es uno de los dos personajes que se atreve a transformar en palabras, lo que todo el mundo piensa en su fuero más interno y que ninguno reconocerá jamás por miedo, precisamente, a ser tildado de loco.
El otro personaje que busca salir de la monotonía y arriesgarse al límite sin importar las consecuencias, es April. El personaje principal femenino. Ella tiene un sueño, ser actriz. Sin embargo ese deseo se ve truncado porque no consigue distinguirse del resto. No es buena actriz, es bastante mediocre. Y es que, no basta con tener un anhelo y querer alcanzarlo. Tienes que valer para ello. Su breve incursión en el terreno teatral, se ve abocada al fracaso al no recibir buenas críticas. Su necesidad vital se ve truncada y cede paso, entonces, a las exigencias sociales y familiares.
Pero eso no la hace feliz. Se encuentra encerrada en un mundo que no es ni remotamente, el que deseaba. Sus días se reducen a satisfacer las necesidades hogareñas y a contemplar el mundo que aparece, por detrás de los barrotes de sus ventanas. Surgen los problemas en la pareja al tener que soportar los dos integrantes de la misma, las frustraciones personales. Hasta el momento de clímax en el que todos los reproches explotan y se suceden las discusiones más acaloradas que empiezan a tornarse violentas.
Y como única solución a su guerra personal, decide proponer una escapada a otro país. Su único deseo es salir de la cárcel en la que se encuentra. No importa donde. Así que asume el sueño de su marido de volver a París y lo hace suyo. Todo mejora, todo reverdece y todo se supera. Pero ésta, no es más que otra falsa apariencia de lo que en realidad está sucediendo.
Ella queda nuevamente embarazada después de una relación loca de una noche, en la que su cara angustiada y su negación explícita se hacen patentes; se nos anticipa lo que puede ocurrir... el sueño de ir a París (y liberarse así de su prisión), será irrealizable. Además, le ofrecen un ascenso a su marido, con una proyección de futuro muy ventajosa.
Asistimos al hecho de que su marido, aunque permanezca en un trabajo que no haga realidad sus sueños, tendrá un futuro más que significante para el resto de la humanidad. Y ella, permanecerá aún más perdida y alienada en un rol que no la permite desarrollarse como persona.
Surge la duda en su cerebro y sopesa la idea del aborto. Hay un claro rechazo hacia esa idea que se la cruza. Pero, realmente, piensa que ese nuevo embarazo será un obstáculo para poner en práctica las nuevas ideas tan arriesgadas que han fomentado. Valora que lo mejor para que no sea utilizado como excusa (su embarazo), es acabar con él. No quiere que la pasión y los sueños con los que crecieron como pareja y como seres individuales, se pierdan por esa razón. Sabe que será la muerte del amor, si no logra dejar atrás todo lo que les ata.
Sin embargo, es tachada de inmoral por su propio marido. Desde el punto de vista ético, es completamente comprensible. Desde el punto de analítico, no. Ella sabe que no les ha funcionado, hasta entonces, el matrimonio. Y tiene el valor de reconocer que a partir de ahora, irá peor.
A parte de este obstáculo moral y ético, que parece quedar de lado cuando llegan a la conclusión de que en París también se tienen niños, surge el laboral. Él tiene oportunidad de crecer en el terreno laboral y no quiere arriesgarse a perderlo e intentar encauzar su vida en algo que le satisfaga en el terreno personal, por miedo al fracaso. Y así, acepta su propio fracaso personal, en pos del laboral.
Ella, sin embargo, no encuentra consuelo en ninguna de sus vertientes, ni la personal ni la laboral. No hay nada que la haga sentirse persona, ni que la gratifique. Y el rol de madre, se le queda corto.
El periodo de aborto “seguro” se supera, transcurren las doce semanas de rigor. Pero ella, se encuentra en un pozo del que no sabe salir. Sólo es capaz de respirar cuando sale a pasear entre los árboles, de la parte posterior de su casa, que la dan un mínimo de libertad.
Toma la única solución que ella encuentra razonable. No puede vivir como hasta ahora y la ilusión por un cambio notable en sus vidas, se desvanece. Así que, se suicida.
Se provoca un aborto de alto riesgo en su propia casa, en el propio baño de su hogar. Ella es consciente del riesgo tan alto al que se somete, y se despide de su marido (regalándole una cena de cumpleaños para la que se engalana) y de sus hijos mientras intenta contener las lágrimas. Prepara lo necesario y se encierra en el baño a esperar el desenlace. Cuando por fin, puede salir de esa habitación, baja al salón y contempla por última vez, a través de los barrotes de la ventana de su salón, el bosque que la permitía respirar.
Como ella ya sabía, expulsar el feto es más o menos sencillo (dentro del auténtico calvario que tuvo que soportar), pero la placenta se halla sujeta a las paredes de su útero a través de vasos sanguíneos y capilares, que se unen fuertemente a su organismo, para dotar de sangre, alimento y vida a su bebé.
Y como es natural, le provoca una hemorragia incontrolable por la que muere.
Es una escena fantástica. Con un dramatismo exultante. Su cara refleja todo el dolor sufrido y la falta de sentimiento sentido. Se nos muestra todo el vacío interior. Su gran hueco interior (en el amplio sentido metafórico de esta afirmación, puesto que ahora, también está vacía por dentro).
Después de este final desgarrador, tenemos la sensación de que nada superará ese plano y que la película debería haber terminado ya. Pero nos equivocamos. El gran final que se nos muestra, es uno en el que queda constancia de lo absurdo que llega a ser no rebelarse a ese vacío interior. Ese momento en el que el marido de la vendedora de la inmobiliaria, mira a su esposa con una imperturbabilidad manifiesta, y opta por subir el volumen de su radio y por tanto ahogar las palabras de su esposa, es una de las metáforas más inteligentes que he presenciado.
Al final, te vas a casa con un sabor de lo más amargo. Pero sin duda, recomiendo su visionado de una forma manifiesta.