Ibrahim escribió:En este tema tendría que citar una frase , que, sinceramente, no recuerdo de quién es, pero que venía a decir esto, el mal (evil) no es más que la vida (live) mal deletreado.
Lo que quiero decir es que el "mal" tiende a oponerse a la vida, bien sea quitando opciones de esta, bien suprimiendola directamente.Por oposición, el bien es aquello que la favorece, que la potencia. No sé como explicar esto último, ya que, para cada uno puede siginificar una cosa distinta.
Según ésta teoría, cualquier acción que favorezca o potencie nuestra vida sería bondadosa. Luego, se deduce, que cualquier cosa que nos plazca, sería por ende, buena. ¿No es un poco subjetiva y arriesgada ésta afirmación? El bien, dependería pues, de nuestro concepto sobre el placer y sería éste último el que determinaría lo que fuera o no, bueno.
De ésta forma se elimina el Bien y el Mal como concepto absoluto. Todo sería relativo y cuantificable en la medida en la que aporte bienestar. Sería un pensamiento epicureísta. Todo lo que nos aportara felicidad, sería bueno. Y yo me pregunto: ¿y los psicópatas que encuentran placer en sus asesinatos?
Lore escribió:Tuve una profesora de filosofía que me enseñó que todo concepto absoluto se puede definir por la aparición de su opuesto, por ejemplo: bien/mal, vida/muerte, valor/temor, luz/oscuridad, riqueza/pobreza…
Éste concepto es el que yo creo que mejor define el bien y el mal. Que existe su contrapuesto. Y es gracias a él como logramos discernir si un acto es bueno o malo, en un plano general. Valoramos de una forma cuantificable, el porcentaje de Bien o Mal que conlleva esa acción.
Porque estoy segura que el concepto absoluto de bondad o maldad, no existe para todos igual. No es algo que podamos afirmar con rotundidad. Todo acto trae una consecuencia y ésta es buena o mala, dependiendo de quién la valore. Así vemos que matar es malo y defenderse no. Cosa no del todo real, porque el hecho de arrebatar la vida a alguien es malo en sí.
Lo que estamos haciendo en ese momento, es justificar un acto violento con otro. Pero, conociendo los extremos, que sería matar o no matar, entre medias logramos cuantificar qué proporción de bondad o maldad, existe en ese hecho, ateniéndonos a las circunstancias que lo motivaron.
